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sábado, 30 de octubre de 2010

our end.

Comencé a caminar despacio, apenas podía respirar. Quise girar mi cabeza, sólo para guardarme su último recuerdo, pero el orgullo pudo conmigo. Siempre igual. Algo dentro de mí quería gritar cuánto lo iba a extrañar, pero hice lo posible para callar mi voz. No quería atormentar aún más el sufrimiento, yo sabía que él no me extrañaría más. Comencé a apresurarme entonces, temí que viniera tras mis pasos. Sé que nunca llegaré a entender que las despedidas son parte de los encuentros. Quise mirar la hora, pensé que los minutos no habían pasado. Y me dí cuenta que nunca uso reloj. El seguía allí parado, viéndome partir. Pude sentir su presencia, inmóvil a dos metros de mí. Seguí caminando, inerte. Cerré mis ojos por un instante, y un mundo de recuerdos pasó por mi mente. Su voz, su sonrisa, nuestros besos. Siempre supe que no sería eterno. Que no aceptaría el final. Seguí mi camino como pude. Y después de un largo rato me di cuenta que había comenzado a llover. Miré al cielo y deje caer algunas gotas sobre mi cara intentando limpiar mi mente de recuerdos. Algo posible sólo por unos segundos. Y pensé en voz alta, la frase que él siempre decía: '' No me llores más preciosa mía" Y no pude evitar sonreír. Ya había caminado lo suficiente. Había dejado de sentir su presencia. Había pasado el tiempo, anochecía. Hubiera vuelto corriendo a buscar un último beso, pero ya era tarde y nuestros caminos, opuestos. Y él ya no estaba allí. Había aceptado que no éramos eternos.

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